lunes, 31 de diciembre de 2012

La habitación.

Solo tenía que dar cinco pasos para llegar a la puerta. Esa puerta que tantos recuerdos encerraba, tantos miedos... Con la luz apagada avanzaba diciéndose a sí mismo los pasos dados y en su cabeza sonaba esa canción que de pequeño tanto le gustaba. 
Cogió el pomo con puerta, cerró los ojos, respiró profundo y decididamente abrió. La habitación estaba igual que hacía diez años: las mismas sábanas, los mismos muebles, los mismos libros... Todo igual a como lo había dejado. Por la ventana entraba una cálida luz que iluminaba todo el cuarto, lo hacia todo más amable, más dulce. Se aproximó a la cama y cogió uno de los peluches sin poder evitar que las lágrimas se empezasen a acumular en sus ojos. Tanto tiempo intentando enterrar el recuerdo solo hizo que las noches fueran eternas. Se asomó por la ventana, como hacía cada domingo que iba a esa casa, y veía el parque. Las lagrimas cada vez nublaban más su vista. Le encantaba ese parque. Iba cada tarde a encontrarse con ella, a jugar... solo eran dos niños inocentes que disfrutaban cada día pero no pudieron evitarlo. Nadie pudo. No quería revivirlo, no quería recordarlo, pero era necesario, necesitaba asumirlo pues fueron demasiadas noches esperando a que despertara. Veía como una niña se columpiaba, igual que ella, con la misma sonrisa e ilusión. Aun así, lo único que quería para esa niña era que el final de su historia fuese diferente.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Re-vuelta.

Y en la soledad solo encontró un recuerdo empañado, una vista atrás que no hace más que agonizar en su interior.  La visión ennegrecida de sus puñaladas sin mayor propósito que el dolor de lo que una vez entendió como felicidad. Intenta ahogar sus pensamientos aunque sus ecos sean más fuertes.
Camina con paso lento; le gusta disfrutar de la ligera brisa, la única que le acaricia y le acompaña.