Ahora se sentía ridícula y a este paso no iba a haber un término medio. Se había arreglado con mucha alegría pero llevaba diez minutos mirándose al espejo y sintiéndose mal. Mentalizándose de que, teóricamente, iba a ser la última vez y eso no sabía como de bueno sería. Dudaba entre dos sentimientos totalmente contradictorios, pues, o lo echaría de menos o se sentiría aliviada.
Sonó su teléfono. Un único toque. Era la hora. Siguió mirándose un par de minutos más, sonrió y se marchó.
Al caminar olvidó todo y solo estaba concentrada pensando en cómo llegar lo antes posible, se moría de ganas. Llegó a la parada del bus y solo tuvo que esperar un par de minutos para poder subir a él. Se sentó en uno de los asientos del final y veía como un chico sentado más adelante la miraba fijamente y eso le estaba poniendo muy incómoda, y mucho más cuando recordó la cantidad de ropa que llevaba encima. Estaba pensando bajarse una parada antes pero hacía algo de viento y prefería que solamente el bus supiese que estaba desnuda a que se enterase la calle. Probablemente hubiese menos gente.
Llegó al portal después de siete minutos y sin ningún percance. Aprovechó que un vecino salía y entró sin llamar y así le daba más emoción al momento. Entró en el ascensor, le dio al número quinto, y cincuenta y seis segundos después ya estaba delante de la puerta. Respiró hondo, llamó al timbre y casi sin haberle dado tiempo a pestañear ya le había abierto la puerta. Él abrió con una gran sonrisa y antes de que ninguno de ellos saludase, ella ya se había quitado la chaqueta y él ya había empezado a notar la erección. Todo iba sobre ruedas.
miércoles, 28 de marzo de 2012
Capitulo 1.
Vale. Sí. Sabía que no era la primera vez que ocurría eso pero por ello no iba a permitir que volviese a suceder. Con tres veces tenía suficiente como para tolerar más. Sin embargo, se conocía lo suficiente como para saber que iba a haber una cuarta y tenia muy pocas ganas de evitarlo.
Sonó su ordenador. Era él. Dio vueltas por la habitación sin saber si contestar o no, y finalmente se decidió.
A: ¿Qué quieres?
P: Hablar contigo, ¿es mucho pedir?
A: Tú y yo sabemos como acabará esto, así que sabes que SÍ.
P: Anda, no exageres, si acaba así es por algo, ¿ o no?
Tenía razón. Sentía algo por él. Pero nada de un sentimiento, sino que era algo más carnal, más erótico. No podían estar en la misma habitación sin que saltasen chispas, es más, no podían comunicarse sin que alguno de los dos notase cierta alegría.
A: Por eso, no quiero seguir, no me parece justo.
P: ¿No crees que debería ser yo quien lo decidiera?
A: Pero como no te veo por la labor...
P: Anda tonta, si tu y yo sabemos que aunque te hagas de rogar, acabaras cayendo.
"Mierda. Mierda. Mierda."- Dijo en alto. Ese chico lo tenía todo. La verdad que a simple vista te fijabas en él pero no era una imagen por la que babearías pero después de conocerlo, y en muchos ámbitos era difícil resistirse.
A. Última vez. ¿Prometido?
P: Claro...
Ya lo había conseguido. Habría una cuarta y sabia perfectamente el protocolo por las tres anteriores: él le daría un toque cuando su novia se fuese al trabajo y ella cogería su juguete del día y se plantaría en su casa, pasarían un buen rato y se iría por el mismo camino como si nada hubiese pasado. Lo peor era recordar a su novia. La verdad que no es acordaba mucho de ella, solo unos 5 minutos como máximo pero eran suficientes como para que se sintiese culpable toda la tarde, aunque luego el hacía que lo olvidase todo.
Y claro, si él decía la verdad y ese era la última vez que ocurría tenían que despedirse a lo grande.
Fue a su armario, lo abrió de par en par y se quedó unos minutos pensativa. Buscó su lencería fina, más bien, su tanga fino y una chaqueta que le tapase lo suficiente como para ir sólo con eso. Después cogió los tacones más altos y provocativos que tenía y se los puso. Se miró al espejo y empezó a notar un cosquilleo en su intimidad.
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