miércoles, 28 de marzo de 2012

Capitulo 1.

Vale. Sí. Sabía que no era la primera vez que ocurría eso pero por ello no iba a permitir que volviese a suceder. Con tres veces tenía suficiente como para tolerar más. Sin embargo, se conocía lo suficiente como para saber que iba a haber una cuarta y tenia muy pocas ganas de evitarlo.
Sonó su ordenador. Era él. Dio vueltas por la habitación sin saber si contestar o no, y finalmente se decidió.
A: ¿Qué quieres?
P: Hablar contigo, ¿es mucho pedir?
A: Tú y yo sabemos como acabará esto, así que sabes que SÍ.
P: Anda, no exageres, si acaba así es por algo, ¿ o no?

Tenía razón. Sentía algo por él. Pero nada de un sentimiento, sino que era algo más carnal, más erótico. No podían estar en la misma habitación sin que saltasen chispas, es más, no podían comunicarse sin que alguno de los dos notase cierta alegría.

A: Por eso, no quiero seguir, no me parece justo.
P: ¿No crees que debería ser yo quien lo decidiera?
A: Pero como no te veo por la labor...
P: Anda tonta, si tu y yo sabemos que aunque te hagas de rogar, acabaras cayendo.

"Mierda. Mierda. Mierda."- Dijo en alto. Ese chico lo tenía todo. La verdad que a simple vista te fijabas en él pero no era una imagen por la que babearías pero después de conocerlo, y en muchos ámbitos era difícil resistirse.

A. Última vez. ¿Prometido?
P: Claro...

Ya lo había conseguido. Habría una cuarta y sabia perfectamente el protocolo por las tres anteriores: él le daría un toque cuando su novia se fuese al trabajo y ella cogería su juguete del día y se plantaría en su casa, pasarían un buen rato y se iría por el mismo camino como si nada hubiese pasado. Lo peor era recordar a su novia. La verdad que no es acordaba mucho de ella, solo unos 5 minutos como máximo pero eran suficientes como para que se sintiese culpable toda la tarde, aunque luego el hacía que lo olvidase todo.
Y claro, si él decía la verdad y ese era la última vez que ocurría tenían que despedirse a lo grande.
Fue a su armario, lo abrió de par en par y se quedó unos minutos pensativa. Buscó su lencería fina, más bien, su tanga fino y una chaqueta que le tapase lo suficiente como para ir sólo con eso. Después cogió los tacones más altos y provocativos que tenía y se los puso. Se miró al espejo y empezó a notar un cosquilleo en su intimidad.

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