Notó como su respiración se aceleraba y se quedaba paralizado. No sabía si por el miedo, el pánico, el terror, lo que podría venirse encima... Demasiados pensamientos para tan poco segundos. Casi no le dio tiempo a pestañear cuando vio a su novia abrir la puerta. Vio como abría los ojos como platos y se quedaba con la llave en mano pero sin avanzar. La única que consiguió moverse fue su compañera y solo para separarse de él y que no fuese más violeto de lo que por si era. Podría cortarse la tensión con un cuchillo pero nadie sabía que hacer o decir. Al tiempo, que pudieron ser horas para ellos, su novia avanzó y cerró la puerta tras de si.
-¿Qué...?- No pudo ni acabar la frase cuando él le cortó.
-Lo siento. Sé que no te mereces esto pero tampoco te esperaba. No me has cogido el teléfono en este tiempo y no sabía que era de ti. Ella vino a saber por qué había estado desaparecido estos días y bueno...
-Yo soy Helena.- Vio como su compañera avanzaba un paso y se presentaba. No daba crédito.
-Yo Sonia. ¿tú eres la... la...?
-Sí, soy yo. Lo siento, la verdad que no quería llegar a esta situación y mucho menos que me tuvieses que conocer. Sé que me odias.
-Gracias. Yo tampoco quería que esto fuese a si. La verdad que no me esperaba encontrar a nadie en casa pero bueno, supongo que tendría que haber llamado antes.
-No digas tonterías. Ésta sigue siendo tu casa, no hace falta que llames para venir ni dar explicaciones.
-Pablo, entiéndeme, ¿quieres? No es algo que yo haya querido, por si no te habías dado cuenta. Tú sabías a lo que podrías exponerte y aun así has continuado. No tienes excusa y no intentes darme ahora todas las facilidades o hacer como si nada hubiese ocurrido.
-Creo que sería mejor que me fuese. No quiero meterme y... son cosas de pareja.
-Eso deberías de habértelo pensado antes de tirártelo. Además me viene bien que estés aquí; deberíamos de hablar los tres.
-No creo que sea buena idea. No sé, esto ha sido un golpe para ti y creo que deberíamos hablarlo nosotros y dejarla a ella al margen.
-No. Estoy harta. Si hubiésemos hablado las cosas desde un principio no habríamos llegado aquí. Pero resulta que debe ser muy difícil para ti. Así que me da igual, me has hecho mucho daño y creo que ya que estamos los tres juntos deberíamos hablarlo. Y punto.
Se sentaron en el sofá con una distancia de metro entre cada uno. Sonia se puso en medio de ellos. Hasta le parecía una situación algo cómica. Ella iba a su casa a intentar solucionarlo y se encontraba a su novio y a su "amiga" juntos.
-Seré breve. Yo venía con buena intención aquí, pero eso de encontraros nada más abrir la puerta me hace desconfiar. No puedo estar saliendo con una persona que me engaña. No sé si ha ocurrido una vez o mil y no es algo que me interese. Solo quiero saber si volverá a ocurrir o puedo dejar de confiar en tu del todo.
-Yo no hice esto para hacerte daño. Era algo que necesitaba, algo que me pedía el cuerpo y no le veía nada de malo. Yo te sigo queriendo, eres a quien más quiero en mi vida y por esto no han cambiando mis sentimientos. No sé, conocí a Helena y tampoco es que lo fuese buscando, simplemente surgió. Tenemos mucha complicidad y nos atraemos.
-Yo... yo no sé que hago aquí. Vine a pedirle explicaciones. Es cierto que no hay sentimiento por ningún lado, solo queríamos divertirnos y supongo que a veces le use para ver hasta donde llegaba. No me gusta hacer daño a la gente y creo que debería irme, dejar que vosotros lo solucionéis y ya.
Expusieron sus diferentes razones y opiniones. Ninguno quería que esa relación se rompiese por un capricho tonto aunque era algo que tenía que decidir Sonia. Había sufrido, le había hecho sentirse demasiado mal pero no quería romper, le quería demasiado como para perderle. Se pasaron alrededor de dos horas hablando. A Sonia empezaba a caerle bien Helena. No era la zorra que había imaginado.
Después de tanto tiempo llegaron a una conclusión.
-Me alegra mucho haber solucionado las cosas. Lo siento mucho, de verdad.
-No pasa nada, Helena. La verdad, me has caído bien después de todo.
-Mis chicas preferidas. ¡Qué contento estoy!
Ambas le miraron con cara de odio y se rieron. Se despidieron con dos besos y Helena se marchó.
-Lo siento mucho, aunque me alegro de que hayamos solucionado las cosas. Creo que hasta te quiero un poco más.
-Anda tonto, si después de esto me vas a tener que querer demasiado para que no te lo eche en cara cada vez que me acuerde.
No hay comentarios:
Publicar un comentario