lunes, 23 de julio de 2012

Capitulo 6: Carlos



Carlos tenía 22 años. Era mayor que su hermana pero siempre habían parecido gemelos. Podía llevarse bien con su padre, pero su hermana sabía más de su vida que casi él mismo. Ya había acabado el instituto hacia un par de años. No era muy buen estudiante pero él siempre había querido ser músico. Era increíble verle tocar el piano. Las teclas parecían moverse solas, sus dedos se deslizaban, y las notas eran pura magia. Ese año había decidido tomárselo en serio e irse a Holanda a mejorar su formación. Le habían hablado de un programa fantástico y si conseguía la beca, sus padres no tendrían que pagarle casi nada. Esa era la noticia que le iba a dar a su padre ese mismo día pero a unos cuantos metros de altitud.
Él día que murió su padre se había ido de viaje con sus amigos a una casa rural. Sabia que no iba a tener cobertura así que decidió no llevar el móvil, total, iba su hermana con él y sabia que ella aunque nunca lo usase siempre lo llevaba. Sin embargo, si lo hubiese llevado, igual se habría enterado antes, no habría dejado a su madre sola. Pero ya era tarde para arrepentimiento, aunque seria algo que siempre pesaría en él.

miércoles, 18 de julio de 2012

Capitulo 5: Sara


Sara era especial. Todos lo sabían. Decía cosas inteligentes que nadie se esperaba en el momento más inadecuado, pero aun así muchos la querían. Fue el ojito derecho de papá, y en su momento, el ojito izquierdo de su mamá.
Tenía 17 años. Estaba a punto de acabar el instituto y deseando ir a la universidad. No sacaba increíbles notas pero sabía organizarse y aunque normalmente prefería estar jugando a la consola con su padre, iba a estudiar cuando ya era algo irremediable. Y su padre era algo que siempre le permitió. Sabía que si él le manda ir a estudiar no lo haría. Era algo que siempre había hecho él y que cualquier hijo hace: algo que mandan los padres, solo por cabezonería, no se hace, aunque se algo de vital importancia, no se hace. Y él no quería jugársela probando. Confiaba en Sara y sabia que ella era lo suficientemente responsable como para cuidar de ella, y hasta a veces, le sobraba responsabilidad para cuidar de su hermano.
Compartía el grupo de amigos con su hermano, pero a ninguno le importaba y era algo que agradecían a la hora de volver a casa. Le encantaba irse los fines de semana con sus amigos de viaje, aunque fuese a hacer nada, era algo mágico para ella.
El día que su padre murió estaba de viaje. En un lugar sin cobertura, algo que nunca se perdonaría. Sus padres lo único que le pedían era estar localizable y para una vez que la necesitaban no lo estaba. Dejo a su madre sola en aquel terrible día, y no creía que su madre se lo perdonase. Cuando recuperó la cobertura vio las decenas de llamadas de su madre, a lo que ni se paró un segundo en llamarla, sino que fue a buscar a su hermano y volvieron para casa.

viernes, 13 de julio de 2012

Capitulo 4.


Sonó el teléfono. Eso interrumpió todos los pensamientos pero nadie hizo ademán de responder. Sin embargo, Cristina ya no tenia nada que perder: si eran malas noticias se reuniría con su marido en menos que cantaba un gallo; y si eran buenas, pues… algo se le ocurriría.
-Sí, dígame. ¡Ah! Hola, ¿qué tal?
Después de esa pregunta no volvió a mencionar palabra, es más, ni para despedirse. A los cinco minutos colgó y se sentó. En su rostro parecía que nada había ocurrido, que seguía en sus pensamientos sobre Miguel y que la llamada había sido producto de la imaginación del resto. Pero, de repente, sin ton ni son, Cristina empezó a reir. Pero reía no como un chiste que te cuenta un compañero, que puede que sea algo gracioso pero la risa incrementa solo para no ofender, sino que reía como si hubiese visto a un perro vestido con tutú y bailando rock and roll. Era demasiado raro para el resto.
-¿Mamá?- Carlos cada vez estaba más impresionado con la familia que le había tocado. Y sabía, que a la larga, eso le traería demasiadas visitas al psicólogo.
-Hijo, si te digo la verdad, llevo demasiado tiempo llorando, ahora solo me queda esto.
Carlos quería entenderla pero era incapaz. Era cierto que no se podían pasar la vida llorando pero había unos limites. ¿Una semana de luto? Aun así Cristina seguía con una sonrisa en la cara y el resto sin responder a Miguel y sin saber quien había hecho tan extraña llamada.
-Pues a la siguiente respondo yo.- Gritó Sara como si le fuese la vida en ello.
Y ahí si que si. Todos rieron, a carcajada limpia, y se notaba complicidad. Algo que llevaban añorando mucho tiempo.

sábado, 7 de julio de 2012

Capitulo 3.


-Yo no quería nada de esto- prosiguió Miguel- pero como he dicho, necesito contarlo, y más que nada porque sois su familia, somos su familia. Vosotros pensáis que llevo veinte años desaparecido pero no es así. Siempre he estado en contacto con él pero no podía decíroslo. No se lo permitía, porque si lo hacia tendría que contaros porque me fui y es algo que nunca he contado a nadie salvo a él. Como sabéis, el sabia escuchar y comprendía cualquier acto. Siempre le envidié y le tomaba como ejemplo pero cada vez que hacia algo bueno se torcía y empeoraba. Era su don y nadie podía copiárselo. Nuestros padres murieron muy jóvenes y él siempre cuido de mi. Una carga en mi conciencia, tendría que ser al revés, yo era el hermano mayor, sin embargo, nunca supe cuidar de mi y, por consiguiente, de él tampoco. Es difícil. Estar aquí sentado, con vosotros, apenas me conocéis, y quienes me conocían parecen haberlo olvidado.
Cristina en ese momento estaba pensado cual seria la mejor opción para irse junto a su marido. No podía soportar escuchar esas palabras que le atormentaban, penetraban en su cabeza y resonaban.
Sara y Carlos, sin embargo, habían desconectado. No conocían a su tío y no iba a ser así el comienzo. Era cierto que no sabían que había ocurrido y no podía castigarle así, sin más.
-Nuestra vida siempre pareció fácil. Nuestros padres nos habían dejado dinero suficiente para acabar nuestros estudios. Pero él tenia que seguir haciendo más y más, no podía parar, y en el fondo parecía que quería dejarme en ridículo.- Dio un golpe en la mesa que resonó en toda la casa e hizo que el resto de ocupantes diesen un brinco.- Lo siento.
No parecía que fuese a continuar y nadie sabia que contestarle. Estaba claro que ni Sara ni Carlos iban a abrir la boca, aunque pareciese mentira, nadie les había dado vela en ese entierro, y Cristina estaba absorbida por sus pensamientos. ¿En serio se pensaba Miguel que iba a ser tan fácil? Ella no conocía la historia pero aun así siempre había visto que a su marido le faltaba algo, y ese algo era Miguel. Le parecía egoísta, y tenia derecho a restregárselo. Podían hablar pero eso no era suficiente. 

miércoles, 4 de julio de 2012

Capitulo 2.


Sara fue a buscarle.
-Vuelve, por favor. Sabes que te necesito, aunque sea solo en físico; pero si empiezas a sentirte culpable no conseguirás superarlo nunca y eso te arruinará por dentro… y también a mi.
-¿Cómo haces siempre para hacerme sonreir? Aunque papá se preocupaba por nosotros nunca nos hemos separado, y me alegro por ello.
Sara le cogió de la mano y le condujo hacia el salón de nuevo. Y como si no se hubiesen ido, todo seguía igual. Todos sentados mirando al centro, a esa urna.
-Quiero contaros algo. Algo que nadie querrá escuchar y que no os parecerá el mejor momento para hacerlo pero mañana es mi cumpleaños y no quiero que estemos así. Tampoco pido olvidarlo pero es algo difícil, y sí, para mi también. Todos pensáis que no quería a mi hermano, y que le abandone sin pensar en él. Pero os equivocáis, le quise y le quiero, y nunca se lo dije. Por eso os lo digo a vosotros, a su familia, algo que yo no tuve, puede que por egoísmo pero…
-¡Cállate!- Nadie se esperaba que Cristina cortase así a Miguel. Todos estaban expectantes a que iba a decir quién.- ¿Crees que puedes llegar aquí después de veinte años y decir que le querías? Ni una carta, ni una llamada… nada. Y ahora vas como el pobre hermano que sufrió tanto, viniendo a celebrar tu cumpleaños como si nada hubiese pasado. Aquí no necesitamos victimas, gracias.
Todos tenían los ojos como platos. Nunca la habían visto así. Ella era tranquila, nunca había gritado a sus hijos por muy mal que se hubiesen portado. Y sabían, que si había gritado, todo iba a ir peor.
-No hables de lo que no sabes.
-¿Qué no sé? ¿El motivo por el cuál te fuiste? No, no lo sé, pero no será porque nunca lo haya preguntado.
-No creo que la verdad te interese.- Miguel cada vez estaba más enfadado, pero sabía que solo podía pagarlo consigo mismo. Él era el problema.
Cristina no aguantó más y lloró. Lloró como una niña. Sus hijos la odiaban. Miguel la odiaba. Su marido estaba metido dentro de una urna. Había estado recibiendo llamadas de pésame durante todo el día, parecía que la gente se lo quería recordar a cada segundo. Necesitaba a su marido, él sabía como consolarla, como ayudarla a salir a flote y, sin embargo, ahora tendría que aprender. A sus 42 años tendría que aprender a valerse por si misma y defenderse de todo aquello que durante años le atacaba pero el escudo de su marido ocultaba.