miércoles, 4 de julio de 2012

Capitulo 2.


Sara fue a buscarle.
-Vuelve, por favor. Sabes que te necesito, aunque sea solo en físico; pero si empiezas a sentirte culpable no conseguirás superarlo nunca y eso te arruinará por dentro… y también a mi.
-¿Cómo haces siempre para hacerme sonreir? Aunque papá se preocupaba por nosotros nunca nos hemos separado, y me alegro por ello.
Sara le cogió de la mano y le condujo hacia el salón de nuevo. Y como si no se hubiesen ido, todo seguía igual. Todos sentados mirando al centro, a esa urna.
-Quiero contaros algo. Algo que nadie querrá escuchar y que no os parecerá el mejor momento para hacerlo pero mañana es mi cumpleaños y no quiero que estemos así. Tampoco pido olvidarlo pero es algo difícil, y sí, para mi también. Todos pensáis que no quería a mi hermano, y que le abandone sin pensar en él. Pero os equivocáis, le quise y le quiero, y nunca se lo dije. Por eso os lo digo a vosotros, a su familia, algo que yo no tuve, puede que por egoísmo pero…
-¡Cállate!- Nadie se esperaba que Cristina cortase así a Miguel. Todos estaban expectantes a que iba a decir quién.- ¿Crees que puedes llegar aquí después de veinte años y decir que le querías? Ni una carta, ni una llamada… nada. Y ahora vas como el pobre hermano que sufrió tanto, viniendo a celebrar tu cumpleaños como si nada hubiese pasado. Aquí no necesitamos victimas, gracias.
Todos tenían los ojos como platos. Nunca la habían visto así. Ella era tranquila, nunca había gritado a sus hijos por muy mal que se hubiesen portado. Y sabían, que si había gritado, todo iba a ir peor.
-No hables de lo que no sabes.
-¿Qué no sé? ¿El motivo por el cuál te fuiste? No, no lo sé, pero no será porque nunca lo haya preguntado.
-No creo que la verdad te interese.- Miguel cada vez estaba más enfadado, pero sabía que solo podía pagarlo consigo mismo. Él era el problema.
Cristina no aguantó más y lloró. Lloró como una niña. Sus hijos la odiaban. Miguel la odiaba. Su marido estaba metido dentro de una urna. Había estado recibiendo llamadas de pésame durante todo el día, parecía que la gente se lo quería recordar a cada segundo. Necesitaba a su marido, él sabía como consolarla, como ayudarla a salir a flote y, sin embargo, ahora tendría que aprender. A sus 42 años tendría que aprender a valerse por si misma y defenderse de todo aquello que durante años le atacaba pero el escudo de su marido ocultaba.

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