-Yo no quería nada de esto- prosiguió Miguel- pero como he
dicho, necesito contarlo, y más que nada porque sois su familia, somos su
familia. Vosotros pensáis que llevo veinte años desaparecido pero no es así.
Siempre he estado en contacto con él pero no podía decíroslo. No se lo
permitía, porque si lo hacia tendría que contaros porque me fui y es algo que
nunca he contado a nadie salvo a él. Como sabéis, el sabia escuchar y
comprendía cualquier acto. Siempre le envidié y le tomaba como ejemplo pero
cada vez que hacia algo bueno se torcía y empeoraba. Era su don y nadie podía
copiárselo. Nuestros padres murieron muy jóvenes y él siempre cuido de mi. Una
carga en mi conciencia, tendría que ser al revés, yo era el hermano mayor, sin
embargo, nunca supe cuidar de mi y, por consiguiente, de él tampoco. Es
difícil. Estar aquí sentado, con vosotros, apenas me conocéis, y quienes me
conocían parecen haberlo olvidado.
Cristina en ese momento estaba pensado cual seria la mejor
opción para irse junto a su marido. No podía soportar escuchar esas palabras
que le atormentaban, penetraban en su cabeza y resonaban.
Sara y Carlos, sin embargo, habían desconectado. No conocían
a su tío y no iba a ser así el comienzo. Era cierto que no sabían que había
ocurrido y no podía castigarle así, sin más.
-Nuestra vida siempre pareció fácil. Nuestros padres nos
habían dejado dinero suficiente para acabar nuestros estudios. Pero él tenia
que seguir haciendo más y más, no podía parar, y en el fondo parecía que quería
dejarme en ridículo.- Dio un golpe en la mesa que resonó en toda la casa e hizo
que el resto de ocupantes diesen un brinco.- Lo siento.
No parecía que fuese a continuar y nadie sabia que
contestarle. Estaba claro que ni Sara ni Carlos iban a abrir la boca, aunque
pareciese mentira, nadie les había dado vela en ese entierro, y Cristina estaba
absorbida por sus pensamientos. ¿En serio se pensaba Miguel que iba a ser tan
fácil? Ella no conocía la historia pero aun así siempre había visto que a su
marido le faltaba algo, y ese algo era Miguel. Le parecía egoísta, y tenia derecho
a restregárselo. Podían hablar pero eso no era suficiente.
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