viernes, 13 de julio de 2012

Capitulo 4.


Sonó el teléfono. Eso interrumpió todos los pensamientos pero nadie hizo ademán de responder. Sin embargo, Cristina ya no tenia nada que perder: si eran malas noticias se reuniría con su marido en menos que cantaba un gallo; y si eran buenas, pues… algo se le ocurriría.
-Sí, dígame. ¡Ah! Hola, ¿qué tal?
Después de esa pregunta no volvió a mencionar palabra, es más, ni para despedirse. A los cinco minutos colgó y se sentó. En su rostro parecía que nada había ocurrido, que seguía en sus pensamientos sobre Miguel y que la llamada había sido producto de la imaginación del resto. Pero, de repente, sin ton ni son, Cristina empezó a reir. Pero reía no como un chiste que te cuenta un compañero, que puede que sea algo gracioso pero la risa incrementa solo para no ofender, sino que reía como si hubiese visto a un perro vestido con tutú y bailando rock and roll. Era demasiado raro para el resto.
-¿Mamá?- Carlos cada vez estaba más impresionado con la familia que le había tocado. Y sabía, que a la larga, eso le traería demasiadas visitas al psicólogo.
-Hijo, si te digo la verdad, llevo demasiado tiempo llorando, ahora solo me queda esto.
Carlos quería entenderla pero era incapaz. Era cierto que no se podían pasar la vida llorando pero había unos limites. ¿Una semana de luto? Aun así Cristina seguía con una sonrisa en la cara y el resto sin responder a Miguel y sin saber quien había hecho tan extraña llamada.
-Pues a la siguiente respondo yo.- Gritó Sara como si le fuese la vida en ello.
Y ahí si que si. Todos rieron, a carcajada limpia, y se notaba complicidad. Algo que llevaban añorando mucho tiempo.

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