jueves, 5 de abril de 2012

Capitulo 4.

Estaba con el corazón en un puño, con el pulso acelerado hasta tal punto que se le había empezado a nublar la vista. Se apresuró hacia la puerta antes de cualquiera con llave pudiese abrirla y miró por la mirilla. Esto era increíble, es más, era horrible. Era el maldito cartero. Cogió la manta para taparse y le abrió.
Cuando volvió a la habitación se había encontrado a su compañera sentada en el suelo y casi llorando.
-Esto no esta bien.
-Ya te dije que me dejases decidir eso a mi.
-Ya, lo haría si no me afectase a mi también. Pensé que era tu novia...
-Y yo. Pero ella esta en el trabajo y no volverá hasta dentro de unas horas. ¿Por dónde lo habíamos dejado?
-Déjame. Ahora lo único que quiero es pegar a ese jodido cartero. ¿Qué quería?
-Que firmase una cosa pero no te preocupes.
-Tío, y si hubiese sido tu novia, ¿tampoco tendría que preocuparme?
-Pero no lo era. Era el puto cartero así que déjalo ya.
-Me voy.

Ella se levantó del suelo, se vistió, cogió sus cosas y sin decir nada se marchó. Él no la siguió, ni dijo tampoco nada. Ambos necesitaban pensar. Había sido un momento demasiado tenso como para haber seguido con el juego, y puede que eso fuese lo que más les fastidiase.
Ahora si que se sentía estúpida caminando por la calle desnuda. Antes tenia el morbo de llegar y plantarse en la puerta así, ahora lo único emocionante es que se ahorraba el tiempo de quitarse la ropa. Iba a ir directamente a la ducha, y si seguía con ese remordimiento de conciencia ni dejaría el bolso y los tacones a la entrada.
Cuando llegó a casa fue dejando restos por todo el pasillo: un zapato, el bolso, el otro zapato, la chaqueta, el tanga... Abrió el grifo de la ducha y se pasó debajo del agua alrededor de una hora. Necesitaba espacio, quería pensar con claridad y ver si merecía la pena arriesgar algo por él, aunque en realidad fuese él quien lo estaba arriesgando todo para unos miseros polvos. ¿Tan poco le gustaba su novia? No podía quererla mucho si era capaz de mentirle cada vez que entraba por la puerta. Sin embargo, él siempre había sido sincero y era lo primero que pedía en una simple amistad, y ahora era él quien mentía y se mentía a si mismo diciéndose que eso estaba bien.
Y lo más frustrante de todo era que para ser el último polvo había sido el peor de todos.
Encendió la televisión y dejó el canal que había ya. Le llegó un sms: "Mi cama se ha quedado vacía...". Ella ya no sabía si matar al cartero o a él. ¿La estaba vacilando? Podía haber sido un trágico final y él lo único en lo que pensaba era en sexo. "¡Que se folle a su novia, joder!"- exclamó de repente. Se sorprendió a sí misma y después de ese día se rió durante cinco minutos mientras le respondió: "Ven a mi casa YA"

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