lunes, 2 de abril de 2012
Capitulo 3.
Sin mediar palabra, solo con cómplices miradas se adentraron en la casa hasta llegar a la habitación. Parecía que llevaban una coreografía marcada por un tempo inexistente. Como si el mundo hubiese dejado de existir siendo cada gesto, cada beso, cada caricia únicos. Los dulces besos empezaron a convertirse en algo salvaje; ya empezaban a jugar.
Él la cogió y la dejó delicadamente en la cama. Empezó a acariciarla y besarle por todo el cuerpo, con algún que otro mordisco. Repasaba su silueta con la lengua, dibujaba cada curva con sus dedos, todo para llegar a un lugar donde desarrollaría su mejor oratoria. Ella se estremecía, su respiración era ligeramente entrecortada y sus piernas empezaban a temblar. Su espalda se contraía, ella agarraba las sábanas con fuerza y cerró los ojos sintiendo cada vez con más sensibilidad, llegando al culmen casi sin preverlo y sintiéndose la mujer más afortunada del mundo. Y ahora era su turno, quería volverse una loba en la cama pero no quería ponérselo fácil , y además ella siempre venía preparada. Lo tumbó y se levantó dejándolo totalmente desconcertado. A los pocos minutos volvió con dos pañuelo: uno para las manos y otro para los ojos. Se los puso sin dejarle rechistar y empezó a jugar ella. Sabía que en esos momentos podía dar algo de miedo pero también sabía que sería uno de los mejores polvos que tendría. Se subió encima de él y empezó como él había comenzado. Besos, caricias,... sin embargo, eso se le daba mejor a ella. Hizo que se pusiera de rodillas en el suelo y la volviese a besar donde minutos antes. Hoy dominaría ella. Pero no quería que durase mucho más, y le cogió para que se sentase en la cama y ahora ella se pondría de rodillas. Empezó a acariciar suavemente la sensible extremidad mientras veía la sonrisa de su compañero, empezó a jugar con él sin dejar de mirar su cara. Durante unos minutos vio expresiones de las que nunca se había fijado y le estaba gustando. Pero ella no le dejó acabar, quería dejarle con ganas de más aunque a él no le fuese a gustar eso. Se puso encima y cuando iba a empezar su magnificó baile sonó el timbre. Ambos dejaron de sonreír y ella rápidamente se separó de él y le soltó las manos. Él se levantó y se dirigió con miedo hacia la puerta, no quería ir pero tenía curiosidad de ver quién era y más si era su novia porque sabía que se iba a quedar en casa. Estaba nervioso, tanto que ni recordó que si era su novia ella podría abrir con su llave, pero ya era tarde: estaba frente a la puerta.
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