Seguramente se hubiese dado un golpe en la cabeza sin darse cuenta pero había caído en la cuenta de que era él quien arriesgaba todo, quién lo perdería todo si algo salía mal. Ella sólo se lo estaba pasando bien y quería seguir así. Nunca habían quedado en su casa, era una prueba que le había puesto ella. Si tanto quería estar con ella tenía que arriesgar al máximo. Vale que era algo injusto por su parte, porque ella llegaba y besaba el santo sin más mientras que él encima de puta ponía la cama. Pero estaba harta de ser siempre quién arriesgaba todo para estar con un chico y que encima éste le saliese rana, y que mejor momento para probar el método que con un chico que no le importaba nada.
Media hora después él ya estaba llamando a la puerta. Para su sorpresa todos estaban con ropa al abrir la puerta aunque les duró escasos segundos. Querían retomar lo que horas antes no pudieron seguir. En cuanto ella sonrió él ya se empalmó y a partir de ahí fue todo sobre ruedas. No esperaron a llegar a la habitación, en el mismo salón dejaron que sus intimidades aflorasen hasta extremos que soñaban con llegar algún día. Esa si sería la gran despedida, esa despedida que se habían prometido con secretas palabras. Ninguno de los dos podía dejar que el nivel se bajase y después de lo que había sucedido poco más podía pasar para que una situación les hiciese replantearse su relación.
Otra vez esos besos y caricias que supieron a tanto. Mordiscos intensos sin llegar a hacer daño pero que dejan echar a volar la imaginación. Lo necesitaban, lo querían, no dejaban que el sentimiento de soledad se acercase ni un segundo. Ella le volvió a vendar los ojos y le ordenó a través de un susurro que le quitase la ropa, prenda por prenda, y según su orden. Eso le puso los bellos de punta, le gustaba dominar la situación, coger el toro por los cuernos e ir de frente. Cuando estuvo completamente desnuda le pidió que se pusiese de pie y fue ella quien le desnudó a el,pero luego se cambiaron los roles. Él se quitó la venda y se la puso a ella en las muñecas y la empujó contra el sofá. Él dibujaba su contorno con las manos, y aunque le gustaba eso de tener los ojos vendados, ya que hacia que todo se magnificase, que sus sentidos estuvieran alerta, también le gustaba que ella estuviese atada por las muñecas. Ahora dominaba él.
A veces quedaban, y si, el sexo era genial pero siempre les había faltado la chispa y por fin había llegado. Cuando acabasen no podrían describirlo, habían llegado a una conexión que pocos llegan, aun así, seria la última vez. Las mentes despejadas, solo hacían el siguiente movimiento por inercia, no planeaban nada.
Habían necesitado un amago para llegar hasta ahí... Sí que son complicadas las personas.
Cuando acabaron, ambos rieron y hablaron durante horas hasta quedarse dormidos.
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