Sus caricias eran diferentes. Eran suaves, delicadas, daban escalofríos en cada movimiento. Sabía como tocar, como hacer que cualquier pensamiento desapareciese. Se acercó hasta mi, me cogió de la mano y me llevó hasta su habitación. Me sentó en su cama y me pidió que cerrase los ojos. En cuestión de segundos lo comprendí todo, comprendí su delicadeza y más que comprenderla, me enamoré de ella. Un sonido envolvía toda la habitación, aquel sonido que parecía inventado para él. Abrí los ojos y le ví en el otro lado del cuarto, era aun más magnifico.
-Por favor, haz que el tiempo se pare.
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