martes, 22 de enero de 2013

Sinceridad ante todo.

Es horrible cuando te quedas pensando como decirlo. Primero tienes que pensar que quieres decir, aclarar tus malditas ideas que lo único que hacen es rondar pero nunca se apartan. ¿Cuánto te puede llevar? Tranquilamente algunos meses, no digamos como llegas a estar después del año, quieres morirte un par de veces. Creo que es el paso más complejo a solucionar. Pero vale, digamos que tus ideas están clara y tu vida casi resuelta, necesitas decirlo, ¿cómo? Ahí me pierdo, lo siento. Puedes probar de una forma sencilla y puede que la consecuencia sea la más nefasta que podrías imaginar. Pero tampoco te metas en la compleja, hasta  llegar al final tu cerebro podría derretirse en cuestión de segundos. Piensas palabras, frases hechas que igual se hicieron famosas hace 5.000 años, te sirve, sí, pero después de soltarlo la bola de paja aparecerá seguro. Pero bueno, sigamos con el supuesto, tienes claras tus ideas y como vas a exponerlas, pero surge otra puta pregunta, ¿a quién? Puedes decírselo a alguien con quien apenas tengas confianza, no te juzgara sobre lo que sabe de ti pero puede que la imagen que se lleve sea horrible y la persona con la que tienes confianza puede dejar de tenerla porque cree que no eres la persona que conoció. Pero después de haber pensado los puntos anteriores este te parece el más secundario así que escoges a la primera persona que te viene en mente y lo sueltas: "..."

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