lunes, 31 de diciembre de 2012

La habitación.

Solo tenía que dar cinco pasos para llegar a la puerta. Esa puerta que tantos recuerdos encerraba, tantos miedos... Con la luz apagada avanzaba diciéndose a sí mismo los pasos dados y en su cabeza sonaba esa canción que de pequeño tanto le gustaba. 
Cogió el pomo con puerta, cerró los ojos, respiró profundo y decididamente abrió. La habitación estaba igual que hacía diez años: las mismas sábanas, los mismos muebles, los mismos libros... Todo igual a como lo había dejado. Por la ventana entraba una cálida luz que iluminaba todo el cuarto, lo hacia todo más amable, más dulce. Se aproximó a la cama y cogió uno de los peluches sin poder evitar que las lágrimas se empezasen a acumular en sus ojos. Tanto tiempo intentando enterrar el recuerdo solo hizo que las noches fueran eternas. Se asomó por la ventana, como hacía cada domingo que iba a esa casa, y veía el parque. Las lagrimas cada vez nublaban más su vista. Le encantaba ese parque. Iba cada tarde a encontrarse con ella, a jugar... solo eran dos niños inocentes que disfrutaban cada día pero no pudieron evitarlo. Nadie pudo. No quería revivirlo, no quería recordarlo, pero era necesario, necesitaba asumirlo pues fueron demasiadas noches esperando a que despertara. Veía como una niña se columpiaba, igual que ella, con la misma sonrisa e ilusión. Aun así, lo único que quería para esa niña era que el final de su historia fuese diferente.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Re-vuelta.

Y en la soledad solo encontró un recuerdo empañado, una vista atrás que no hace más que agonizar en su interior.  La visión ennegrecida de sus puñaladas sin mayor propósito que el dolor de lo que una vez entendió como felicidad. Intenta ahogar sus pensamientos aunque sus ecos sean más fuertes.
Camina con paso lento; le gusta disfrutar de la ligera brisa, la única que le acaricia y le acompaña.

lunes, 23 de julio de 2012

Capitulo 6: Carlos



Carlos tenía 22 años. Era mayor que su hermana pero siempre habían parecido gemelos. Podía llevarse bien con su padre, pero su hermana sabía más de su vida que casi él mismo. Ya había acabado el instituto hacia un par de años. No era muy buen estudiante pero él siempre había querido ser músico. Era increíble verle tocar el piano. Las teclas parecían moverse solas, sus dedos se deslizaban, y las notas eran pura magia. Ese año había decidido tomárselo en serio e irse a Holanda a mejorar su formación. Le habían hablado de un programa fantástico y si conseguía la beca, sus padres no tendrían que pagarle casi nada. Esa era la noticia que le iba a dar a su padre ese mismo día pero a unos cuantos metros de altitud.
Él día que murió su padre se había ido de viaje con sus amigos a una casa rural. Sabia que no iba a tener cobertura así que decidió no llevar el móvil, total, iba su hermana con él y sabia que ella aunque nunca lo usase siempre lo llevaba. Sin embargo, si lo hubiese llevado, igual se habría enterado antes, no habría dejado a su madre sola. Pero ya era tarde para arrepentimiento, aunque seria algo que siempre pesaría en él.

miércoles, 18 de julio de 2012

Capitulo 5: Sara


Sara era especial. Todos lo sabían. Decía cosas inteligentes que nadie se esperaba en el momento más inadecuado, pero aun así muchos la querían. Fue el ojito derecho de papá, y en su momento, el ojito izquierdo de su mamá.
Tenía 17 años. Estaba a punto de acabar el instituto y deseando ir a la universidad. No sacaba increíbles notas pero sabía organizarse y aunque normalmente prefería estar jugando a la consola con su padre, iba a estudiar cuando ya era algo irremediable. Y su padre era algo que siempre le permitió. Sabía que si él le manda ir a estudiar no lo haría. Era algo que siempre había hecho él y que cualquier hijo hace: algo que mandan los padres, solo por cabezonería, no se hace, aunque se algo de vital importancia, no se hace. Y él no quería jugársela probando. Confiaba en Sara y sabia que ella era lo suficientemente responsable como para cuidar de ella, y hasta a veces, le sobraba responsabilidad para cuidar de su hermano.
Compartía el grupo de amigos con su hermano, pero a ninguno le importaba y era algo que agradecían a la hora de volver a casa. Le encantaba irse los fines de semana con sus amigos de viaje, aunque fuese a hacer nada, era algo mágico para ella.
El día que su padre murió estaba de viaje. En un lugar sin cobertura, algo que nunca se perdonaría. Sus padres lo único que le pedían era estar localizable y para una vez que la necesitaban no lo estaba. Dejo a su madre sola en aquel terrible día, y no creía que su madre se lo perdonase. Cuando recuperó la cobertura vio las decenas de llamadas de su madre, a lo que ni se paró un segundo en llamarla, sino que fue a buscar a su hermano y volvieron para casa.

viernes, 13 de julio de 2012

Capitulo 4.


Sonó el teléfono. Eso interrumpió todos los pensamientos pero nadie hizo ademán de responder. Sin embargo, Cristina ya no tenia nada que perder: si eran malas noticias se reuniría con su marido en menos que cantaba un gallo; y si eran buenas, pues… algo se le ocurriría.
-Sí, dígame. ¡Ah! Hola, ¿qué tal?
Después de esa pregunta no volvió a mencionar palabra, es más, ni para despedirse. A los cinco minutos colgó y se sentó. En su rostro parecía que nada había ocurrido, que seguía en sus pensamientos sobre Miguel y que la llamada había sido producto de la imaginación del resto. Pero, de repente, sin ton ni son, Cristina empezó a reir. Pero reía no como un chiste que te cuenta un compañero, que puede que sea algo gracioso pero la risa incrementa solo para no ofender, sino que reía como si hubiese visto a un perro vestido con tutú y bailando rock and roll. Era demasiado raro para el resto.
-¿Mamá?- Carlos cada vez estaba más impresionado con la familia que le había tocado. Y sabía, que a la larga, eso le traería demasiadas visitas al psicólogo.
-Hijo, si te digo la verdad, llevo demasiado tiempo llorando, ahora solo me queda esto.
Carlos quería entenderla pero era incapaz. Era cierto que no se podían pasar la vida llorando pero había unos limites. ¿Una semana de luto? Aun así Cristina seguía con una sonrisa en la cara y el resto sin responder a Miguel y sin saber quien había hecho tan extraña llamada.
-Pues a la siguiente respondo yo.- Gritó Sara como si le fuese la vida en ello.
Y ahí si que si. Todos rieron, a carcajada limpia, y se notaba complicidad. Algo que llevaban añorando mucho tiempo.

sábado, 7 de julio de 2012

Capitulo 3.


-Yo no quería nada de esto- prosiguió Miguel- pero como he dicho, necesito contarlo, y más que nada porque sois su familia, somos su familia. Vosotros pensáis que llevo veinte años desaparecido pero no es así. Siempre he estado en contacto con él pero no podía decíroslo. No se lo permitía, porque si lo hacia tendría que contaros porque me fui y es algo que nunca he contado a nadie salvo a él. Como sabéis, el sabia escuchar y comprendía cualquier acto. Siempre le envidié y le tomaba como ejemplo pero cada vez que hacia algo bueno se torcía y empeoraba. Era su don y nadie podía copiárselo. Nuestros padres murieron muy jóvenes y él siempre cuido de mi. Una carga en mi conciencia, tendría que ser al revés, yo era el hermano mayor, sin embargo, nunca supe cuidar de mi y, por consiguiente, de él tampoco. Es difícil. Estar aquí sentado, con vosotros, apenas me conocéis, y quienes me conocían parecen haberlo olvidado.
Cristina en ese momento estaba pensado cual seria la mejor opción para irse junto a su marido. No podía soportar escuchar esas palabras que le atormentaban, penetraban en su cabeza y resonaban.
Sara y Carlos, sin embargo, habían desconectado. No conocían a su tío y no iba a ser así el comienzo. Era cierto que no sabían que había ocurrido y no podía castigarle así, sin más.
-Nuestra vida siempre pareció fácil. Nuestros padres nos habían dejado dinero suficiente para acabar nuestros estudios. Pero él tenia que seguir haciendo más y más, no podía parar, y en el fondo parecía que quería dejarme en ridículo.- Dio un golpe en la mesa que resonó en toda la casa e hizo que el resto de ocupantes diesen un brinco.- Lo siento.
No parecía que fuese a continuar y nadie sabia que contestarle. Estaba claro que ni Sara ni Carlos iban a abrir la boca, aunque pareciese mentira, nadie les había dado vela en ese entierro, y Cristina estaba absorbida por sus pensamientos. ¿En serio se pensaba Miguel que iba a ser tan fácil? Ella no conocía la historia pero aun así siempre había visto que a su marido le faltaba algo, y ese algo era Miguel. Le parecía egoísta, y tenia derecho a restregárselo. Podían hablar pero eso no era suficiente. 

miércoles, 4 de julio de 2012

Capitulo 2.


Sara fue a buscarle.
-Vuelve, por favor. Sabes que te necesito, aunque sea solo en físico; pero si empiezas a sentirte culpable no conseguirás superarlo nunca y eso te arruinará por dentro… y también a mi.
-¿Cómo haces siempre para hacerme sonreir? Aunque papá se preocupaba por nosotros nunca nos hemos separado, y me alegro por ello.
Sara le cogió de la mano y le condujo hacia el salón de nuevo. Y como si no se hubiesen ido, todo seguía igual. Todos sentados mirando al centro, a esa urna.
-Quiero contaros algo. Algo que nadie querrá escuchar y que no os parecerá el mejor momento para hacerlo pero mañana es mi cumpleaños y no quiero que estemos así. Tampoco pido olvidarlo pero es algo difícil, y sí, para mi también. Todos pensáis que no quería a mi hermano, y que le abandone sin pensar en él. Pero os equivocáis, le quise y le quiero, y nunca se lo dije. Por eso os lo digo a vosotros, a su familia, algo que yo no tuve, puede que por egoísmo pero…
-¡Cállate!- Nadie se esperaba que Cristina cortase así a Miguel. Todos estaban expectantes a que iba a decir quién.- ¿Crees que puedes llegar aquí después de veinte años y decir que le querías? Ni una carta, ni una llamada… nada. Y ahora vas como el pobre hermano que sufrió tanto, viniendo a celebrar tu cumpleaños como si nada hubiese pasado. Aquí no necesitamos victimas, gracias.
Todos tenían los ojos como platos. Nunca la habían visto así. Ella era tranquila, nunca había gritado a sus hijos por muy mal que se hubiesen portado. Y sabían, que si había gritado, todo iba a ir peor.
-No hables de lo que no sabes.
-¿Qué no sé? ¿El motivo por el cuál te fuiste? No, no lo sé, pero no será porque nunca lo haya preguntado.
-No creo que la verdad te interese.- Miguel cada vez estaba más enfadado, pero sabía que solo podía pagarlo consigo mismo. Él era el problema.
Cristina no aguantó más y lloró. Lloró como una niña. Sus hijos la odiaban. Miguel la odiaba. Su marido estaba metido dentro de una urna. Había estado recibiendo llamadas de pésame durante todo el día, parecía que la gente se lo quería recordar a cada segundo. Necesitaba a su marido, él sabía como consolarla, como ayudarla a salir a flote y, sin embargo, ahora tendría que aprender. A sus 42 años tendría que aprender a valerse por si misma y defenderse de todo aquello que durante años le atacaba pero el escudo de su marido ocultaba.

viernes, 29 de junio de 2012

Capitulo 1: El señor Difunto.


Todos estaban ahí, contemplando una urna. Estaban sentados en el sofá: lo que alguna vez pareció cómodo ahora parecía que tenia clavos pero no podían levantarse de ahí. Era una situación  incómoda pero nadie sabia que decir para remediarlo. Llevaban horas escuchando “no somos nadie”, “siempre se van los mejores” y “te acompaño en el sentimiento” cuando sabían que la mayoría de esas personas no sentían nada de aquello y habían ido por educación y respeto. Habrían preferido que no hubiesen ido nadie y así poder haber acabado mucho antes. Era infernal. ¿Y qué iban a hacer ahora? Quedaría precioso que fuese como en las películas y tirasen sus cenizas en su sitio preferido pero ese lugar no existía y la verdad que ponerlo encima del televisor no era su plan ideal.
-¡Estoy harto!- exclamó Miguel.
Nadie sabia por qué había dicho eso aunque compartían el sentimiento, en parte.
-Nadie ha dicho que sea fácil, pero podías poner algo de tu parte porque para una vez que vienes…- Le reprochó Cristina.
-¡No te consiento que me hables así, no eres nadie!
-Soy más que tú; y tú hiciste que fuese así el día que decidiste irte.
Miguel hacia veinte años que no aparecía, y ni contestaba a las llamadas. Era el hermano del fallecido. Su vida siempre fue fácil, o por lo menos lo parecía hasta que se marchó. Su hermano y él estaban muy unidos. Vivian en la misma casa cuando él se fue y eso era algo que no podía perdonarle Cristina. Ella era la mujer del señor Difunto. Fueron novios desde que se conocieron, bueno, primero se conocieron, luego fueron amigos, después novios y al final se casaron.  Miguel y Cristina compartían el mismo grupo de amigos y siempre hubo la sospecha de que él se había enamorado de ella pero ninguno de los dos habló de ello.
-Os parece el mejor momento para discutir, ¿verdad? No podéis dejar vuestro ego a un lado ni por un segundo.
Quién hablaba era Sara, hija de Cristina y el señor Difunto. Siempre estuvo muy pegada a su padre, tanto que antes de saber de la existencia de Miguel ya le odiaba aunque a su padre nunca le gustó. No culpaba a su hermano, ni estaba enfadado o disgustado, en el fondo, lo entendía. Él sabía por qué se había ido aunque nunca lo había contado y era algo que le reprochaban.
Sara era la más joven de la sala, pero muy madura para su edad. Era callada, pero cada vez que hablaba daba una lección a alguien. No había hablado desde que aquel teléfono sonó dando la terrible noticia. Y en el fondo hizo bien, porque los pocos amigos que tenía le hubiesen dejado de hablar solo con acercarse a ella. Pero la conocían bien y no se lo hubiesen tenido en cuenta, y ella a ellos tampoco. Ella a veces tampoco se soportaba, una gran mayoría de las veces. Su padre era el único que siempre tenía una sonrisa para ella y era algo que le dolía. No podía soportar que su hija fuese un alma solitaria, y su hija no podía soportar haber perdido al único apoyo que tenia en esa casa.
-No deberías de hablar así, y menos a tu familia.-Cristina estaba a punto de echarse a llorar. Tenía que aguantar a Miguel dándole ordenes como si ella no hubiese estado 20 años cuidando de esa casa sin él, y su hija no hacia más que culparle de la muerte de su marido.
-No discutáis… por favor.- Una voz del fondo del salón susurró esas palabras. Era Carlos, el otro hijo de Cristina y el señor Difunto. Si Sara estaba pegada a su padre, Carlos le daba mil vueltas. Al marcharse Miguel, al señor Difunto siempre le falto un respaldo masculino y Carlos fue como una bendición. Antes de que Carlos tuviese que pedir ayuda ya estaba su padre para ayudarle y esto nunca puso celosa a Sara, pues era un padre perfecto para ambos.
El señor Difunto era buen padre, buen esposo, buen hermano, buen amigo… nadie sabía como podía haber muerto tan joven. Tenía 45 años aunque siempre aparentaba menos. Era una belleza especial, cautivaba la mirada y sabía como tratar a las personas. Pero murió. Ese era el pensamiento de cada persona de ese salón: murió. Era como era, y nunca  ninguno de ellos le dio las gracias por ello. Todos se sentían culpables pero también culpaban al vecino, algo injusto pero necesario. Lo que nadie se imaginaba era que Miguel era quien mas se arrepentía, mas culpable se sentía y no culpaba a nadie. Aunque su actitud no era lo que decía, pero que iba a hacer, todos ahí le odiaban y había ido para celebrar su cumpleaños; y vaya regalo.
-Todos estamos igual, así que, por favor, callad ya. Él no hubiese querido que nos estuviésemos gritando, y menos estando él delante. Yo… lo siento, pero… quiero irme.- Carlos se levantó y se dirigió a la terraza. Era un día precioso de primavera, con temperatura mimosa y un sol que era de agradecer. Ese día había quedado con su padre en ir a la montaña. Un plan perfecto para contarle sus planes de futuro que ahora ya no podría realizar. Su padre siempre le habría apoyado pero no podía permitirse irse a estudiar fuera, era demasiado caro, y no había heredado una millonada precisamente.

martes, 19 de junio de 2012

Capitulo 11

Vio como se le abrían cada vez más los ojos con cada sobresalto. Como se le erizaba el pelo con cada caricia. Habían conseguido subir de forma alarmante el calor de la habitación y sus sudores las delataban. Entre mordiscos y revolcones se acercó a la mesita, buscó un vibrador y un pañuelo con el que atarle las manos a la cabecera de la cama. La abrió de piernas y se agachó hasta besar su intimidad. Lentamente fue añadiendo un poco de lengua e iba subiendo la velocidad a medida que se sumergía, una y otra vez. Notaba como le temblaban las piernas, como movía la cadera, como con cada gemido pedía más. De repente su compañera se subió encima de ella mientras le arrebataba el vibrador y empezaba a jugar. Mientras que con un claro ritmo hacia que se sobresaltase a su son la mordisqueaba, empezando por el cuello, siendo sexualmente cariñosa, deteniéndose en sus pecho con pequeños mordiscos que le acercaban cada vez más a la gloria. Su piel era suave. Le gustaba acariciarla, lenta y pausadamente. Estaba descubriendo un tipo de placer desconocido para ella, descubría partes de su cuerpo que no conocía. Era extraño. Estaba disfrutando pero era la primera vez que se liaba con una mujer y donde buscaba cosas y las solía encontrar ahora ya no había nada. Pero no quería pensar, no quería darle importancia a las cosas, solo quería seguir Le estaba encantando ese momento, recordando lo que hacía un segundo estaba pasando y lo qué podría ocurrir. Estaba descubriendo un tipo de placer desconocido para ella. Cerró los ojos y dejó que su cuerpo se guiase hacia un éxtasis final.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Capitulo 10.

Se despertó algo tarde aquel día y aun así permaneció varios minutos en la cama. Finalmente se levantó y buscó su móvil, cogió un papel con el número de Helena y lo marcó. Un tono... dos tonos... quería colgar, pero ya era tarde, ya le había dado a la tecla verde y estaba llamando, vería su número y ya sabría que le había llamado. Tres tonos... cuatro tonos... ya casi tenía el consuelo de que no lo cogería. Quinto tono... podría ser que estuviese en la ducha, o con el móvil en silencio o...
-¿Sí?
-Emm... te parecerá raro pero, ¿podríamos vernos? No hace falta que vengas a casa, podemos ir a tomar un café o algo.
-Bueno, no sé, me resulta un poco incómodo.
-Vale, no importa. Adiós.
-Espera. ¿Te parece bien dentro de dos horas?

No se esperaba esa respuesta, la verdad que no había insistido por eso. Sabía que era una situación extraña e incomoda pero ya había pasado un mes desde que tuvo aquella pequeña ruptura con su novio y aun así no había mejorado nada, parecía que fingían. Ambos se querían pero algo fallaba y no sabía el qué.

Llevaba un rato esperando en la cafetería. Ese día hacía calor y se había sentado en la terraza. Por lo menos en frente tenía un parque y se entretenía viendo como los niños jugaban. Empezaba a dudar de que Sonia fuese. La verdad que no sabía por qué la había llamado. Hacia un mes que no hablaba con ella ni con Pablo y si quisiera salir y tomar un café con alguien seguramente lo hiciese con cualquier otra persona antes que Helena. La verdad que estaba intrigada.

-Siento el retraso.
-No pasa nada. La verdad que me entretenía con ese niño rubito de ahí. Ya se ha caído unas 5 veces, como poco.
-Bueno, la verdad que no quiero quitarte mucho tiempo. Agradezco que vinieses porque seguramente no esperases mi llamada pero es que estoy preocupada. Pablo no ha cambiado. Pensé que estábamos así porque estábais liado pero no sé qué le pasa y tú eres quien mejor le conoce. Lleva tiempo que parezco más su madre que su novia. Llevamos mucho tiempo sin hacer... bueno, ya sabes. Y como mucho un besito antes de irse a dormir. No se, igual podías hablar con él o intentar animarle o algo. Sé que es un favor algo extraño viniendo de mí pero le quiero y quiero que vuelva a ser el de antes.
-No sé que decirte, la verdad. Es cierto que Pablo y yo teníamos mucha relación pero no creo que deba meterme otra vez en medio. Son cosas de pareja y tenéis que solucionarlo vosotros.
-Pero me dice que no sabe que le pasa. Dice que no es nada. No sé que hacer.
-¿Está ahora en casa?
-Sí, ¿quieres ir?

No respondió. Se levantó, pagó los dos cafés y cogió su bolso. En el camino hablaron de temas normales, casi podría decirse que eran temas de ascensor pero se respiraba odio ni rencor, algo que agradecía Helena. No tardaron mucho en llegar. Sonia abrió la puerta de casa y dejó que Helena pasase primero. Pablo puso los ojos como platos, lo que menos se esperaba era repetir esa escena otra vez: los tres juntos.
Helena se acercó a Pablo, le cogió de la mano, se lo llevó a la habitación y cerró la puerta. Casi una hora más tarde salieron de ahí. Ambos sonreían y sin darle tiempo a hacer preguntar a Sonia exclamaron:
-¡Tenemos un plan!

Helena fue hasta donde estaba Sonia. Le sonrió esperando que Sonia le sonriese también y cuando lo hubo hecho le dio un beso. No un beso de amiga, sino uno de amante. Entre beso y beso la fue llevando a la habitación y ahora eran ellas las que se encerraban.

lunes, 7 de mayo de 2012

Capitulo 9.

Notó como su respiración se aceleraba y se quedaba paralizado. No sabía si por el miedo, el pánico, el terror, lo que podría venirse encima... Demasiados pensamientos para tan poco segundos. Casi no le dio tiempo a pestañear cuando vio a su novia abrir la puerta. Vio como abría los ojos como platos y se quedaba con la llave en mano pero sin avanzar. La única que consiguió moverse fue su compañera y solo para separarse de él y que no fuese más violeto de lo que por si era. Podría cortarse la tensión con un cuchillo pero nadie sabía que hacer o decir. Al tiempo, que pudieron ser horas para ellos, su novia avanzó y cerró la puerta tras de si.
-¿Qué...?- No pudo ni acabar la frase cuando él le cortó.
-Lo siento. Sé que no te mereces esto pero tampoco te esperaba. No me has cogido el teléfono en este tiempo y no sabía que era de ti. Ella vino a saber por qué había estado desaparecido estos días y bueno...
-Yo soy Helena.- Vio como su compañera avanzaba un paso y se presentaba. No daba crédito.
-Yo Sonia. ¿tú eres la... la...?
-Sí, soy yo. Lo siento, la verdad que no quería llegar a esta situación y mucho menos que me tuvieses que conocer. Sé que me odias.
-Gracias. Yo tampoco quería que esto fuese a si. La verdad que no me esperaba encontrar a nadie en casa pero bueno, supongo que tendría que haber llamado antes.
-No digas tonterías. Ésta sigue siendo tu casa, no hace falta que llames para venir ni dar explicaciones.
-Pablo, entiéndeme, ¿quieres? No es algo que yo haya querido, por si no te habías dado cuenta. Tú sabías a lo que podrías exponerte y aun así has continuado. No tienes excusa y no intentes darme ahora todas las facilidades o hacer como si nada hubiese ocurrido.
-Creo que sería mejor que me fuese. No quiero meterme y... son cosas de pareja.
-Eso deberías de habértelo pensado antes de tirártelo. Además me viene bien que estés aquí; deberíamos de hablar los tres.
-No creo que sea buena idea. No sé, esto ha sido un golpe para ti y creo que deberíamos hablarlo nosotros y dejarla a ella al margen.
-No. Estoy harta. Si hubiésemos hablado las cosas desde un principio no habríamos llegado aquí. Pero resulta que debe ser muy difícil para ti. Así que me da igual, me has hecho mucho daño y creo que ya que estamos los tres juntos deberíamos hablarlo. Y punto.

Se sentaron en el sofá con una distancia de metro entre cada uno. Sonia se puso en medio de ellos. Hasta le parecía una situación algo cómica. Ella iba a su casa a intentar solucionarlo y se encontraba a su novio y a su "amiga" juntos.

-Seré breve. Yo venía con buena intención aquí, pero eso de encontraros nada más abrir la puerta me hace desconfiar. No puedo estar saliendo con una persona que me engaña. No sé si ha ocurrido una vez o mil y no es algo que me interese. Solo quiero saber si volverá a ocurrir o puedo dejar de confiar en tu del todo.
-Yo no hice esto para hacerte daño. Era algo que necesitaba, algo que me pedía el cuerpo y no le veía nada de malo. Yo te sigo queriendo, eres a quien más quiero en mi vida y por esto no han cambiando mis sentimientos. No sé, conocí a Helena y tampoco es que lo fuese buscando, simplemente surgió. Tenemos mucha complicidad y nos atraemos.
-Yo... yo no sé que hago aquí. Vine a pedirle explicaciones. Es cierto que no hay sentimiento por ningún lado, solo queríamos divertirnos y supongo que a veces le use para ver hasta donde llegaba. No me gusta hacer daño a la gente y creo que debería irme, dejar que vosotros lo solucionéis y ya.

Expusieron sus diferentes razones y opiniones. Ninguno quería que esa relación se rompiese por un capricho tonto aunque era algo que tenía que decidir Sonia. Había sufrido, le había hecho sentirse demasiado mal pero no quería romper, le quería demasiado como para perderle. Se pasaron alrededor de dos horas hablando. A Sonia empezaba a caerle bien Helena. No era la zorra que había imaginado.
Después de tanto tiempo llegaron a una conclusión.

-Me alegra mucho haber solucionado las cosas. Lo siento mucho, de verdad.
-No pasa nada, Helena. La verdad, me has caído bien después de todo.
-Mis chicas preferidas. ¡Qué contento estoy!

Ambas le miraron con cara de odio y se rieron. Se despidieron con dos besos y Helena se marchó.

-Lo siento mucho, aunque me alegro de que hayamos solucionado las cosas. Creo que hasta te quiero un poco más.
-Anda tonto, si después de esto me vas a tener que querer demasiado para que no te lo eche en cara cada vez que me acuerde.

lunes, 23 de abril de 2012

Capitulo 8.

Ya había pasado una semana y no conseguía contactar con su novia, aunque le quedaba todavía algo de esperanza ya que no se había llevado toda su ropa. La llamaba como cinco veces al día y no se lo cogía, aunque si lo miraba de forma positiva tampoco le colgaba, solo dejaba sonar. Alguien que si quería hablar era su antigua compañera. Le había mandado mensajes y llamadas pero él no le contestaba. Prefería tener todo solucionado por una parte antes que irse a la otra, y sinceramente, le importaba más su novia.
Esa semana había sido horrible, monótona. No salía de casa nada más que para ir a trabajar y de vez en cuando para comprar algo de comida. Encendía la televisión pero sin ver nada, solo era capaz de repetirse la última frase de su novia: "Yo antes de joder mi relación me pienso dos veces lo que hago." Él lo había pensado mil veces, y más que nada porque era rechazado una y otra vez hasta que su compañera aceptaba después de haberse hecho de rogar. No quería a otra persona, solo quería pasar un buen rato. Aunque también era verdad que había estado frío con su novia, ya no estaban igual, pero era algo mutuo, se ignoraban, casi no hablaban y ninguno hacia nada para solucionarlo. Era tarde y había perdido a la persona que más quería.




Se levantó de la cama y miró el móvil. No tenía ninguna notificación. Estaba harta de esperar, quería hablar con él y saber que había pasado. Vale que no tenían nada especial pero siempre se había mostrado como amigos y se habían contado cosas que nunca habían dicho a otros. Sin embargo, ahora se había cortado la relación de raíz y sin explicación. Era difícil escuchar los tonos de la llamada sin llegar nunca la contestación. Llevaba una semana llamándolo y se estaba volviendo loca. Después de desayunar y ducharse se sentó para reflexionar. ¿Qué estaba haciendo? ¿Iba a parar su vida por eso? No, estaba claro que no pero quería una explicación, fuese lo que fuese lo aceptaría y se iría por su camino para no volver más. Se levantó, se vistió con la primera ropa que vio y se dirigió hacia la casa de su compañero.


Media hora después llamó al timbre. Como no era esperada casi tiene que discutirle para que le abriese pero al final lo consiguió. Llegó a su casa, entró sin dejarle hablar, se quedo parada en medio del salón y espero a que él le contase todo ya que sabía que no iba a necesitar preguntar nada.


-Mi novia se enteró y me ha dejado. Bueno, no sé si me ha dejado pero si que se ha ido. No te he respondido porque no sé qué decirte. Es decir, podía decirte esto pero no hay nada más. No puedo decirte que se ha acabado del todo porque si lo he dejado con mi novia ya no habría porque parar, pero prefiero saber primer como está lo suyo y luego ya ir contigo.
-Pues si, todo esto podías habérmelo dicho por teléfono y no esperar a que viniese aquí. Supuse que tu novia se había enterado y me da igual que se acabe lo nuestro pero quería una explicación, supongo que la merezco, ¿no?


Él se acercó para abrazarla pero notó como alguien estaba metiendo la llave en la cerradura. Se dio la vuelta y esperó ver a cualquier otra persona menos a su novia.

miércoles, 18 de abril de 2012

Capitulo 7.

Se giró y vio que estaba sola en la cama. No le parecía del todo mal aunque podía haberse despedido. Se levantó y se acerco a un reflejo extraño que acababa de ver. Era un nota: "Llamó mi novia pero todo bien. Un beso." En una de las esquinas había dibujado una cara sonriente, siempre le dibujaba una. Quería llamarle y agradecerle lo que había pasado pero si le había llamado su novia podía que hubiesen discutido o algo, aunque no se quería poner pesimista. Fue a la ducha y después se tiró en el sofá un largo rato. Se encontraba bien consigo misma. Había conseguido quitarse un peso de encima y, para que engañarse, había sido una grandiosa despedida. Sí, todavía se repetía que esa había sido la última vez. Entre pensamiento y pensamiento le llegó un mensaje al móvil: "Se acabó".
¿Cómo que se acabó? ¿Qué quería decir con eso? Se estaba haciendo todo tipo de preguntas. Sabía que era la última vez pero una despedida en condiciones, un adiós en persona o un mensaje algo más emotivo. Era él quien siempre la buscaba. No entendía nada.


- ¿Qué quieres que te diga?
- Estaría genial que fuese la verdad.
- Es que... no se como explicártelo. Pero te quiero, ¿vale?
- Me dices eso después de haber dormido con otra. ¿Cómo quieres que te crea?
- No había sentimiento, era solo sexo. No quería hacerte daño pero algo que... que quería hacer.
- Estupendo. Te lias con una tía y ni con un sentimiento de por medio. Ahora mismo me estoy sintiendo como una mierda, así que espero que por lo menos follase bien.
- Pero no lo mires así. Piensa que te sigo queriendo y que solo fue un polvo sin importancia.
- Yo antes de joder mi relación me pienso dos veces lo que hago.

Se levantó de la silla y se fue. Era la primera vez que veía a su novia así. No estaba triste, no estaba enfadada, era peor: estaba decepcionada. Era algo que no se hubiese esperado de él, sin embargo, había pasado y no había vuelta atrás. No sabía como pedirle perdón y tampoco quería contarle toda la verdad, suficiente le parecía que le hubiese pillado mintiéndole como para decirle que llevaba más de un mes así.
Oyó como estaba vaciando el armario. No podía detenerla, tenía su derecho y seguramente él hiciese lo mismo. ¿Por qué lo hizo si sabía que estaba mal? Quería sentir la emoción y ver como podía estar con otra chica. Se le había ido de las manos y veía como se desmoronaba aquello. Quería a su novia y había acordado que sería la última vez con su amante, ahora se había quedado sin ninguna y le dolía una más que otra.

miércoles, 11 de abril de 2012

Capitulo 6.

-¿Dónde estás?
-En casa de mi hermano. Siento no haberte avisado.
-Estaba preocupada...
-Es que... fue de improvisto. Se encontraba algo mal y vine a cuidarlo.
-Vale. No importa. ¿Vendrás a comer?
-No lo sé. Si eso ya te llamo luego, ¿vale? Un beso.
-Adiós.

Había sido una conversación fría. Pero seguramente se debiese a que él ya había empezado a sentirse mal y es que hablar con su novia estando en la cama de su amante era una imagen poco agradable. Tenía la esperanza de que su compañera no se hubiese despertado porque tenía una cierta facilidad para hacerle sentir culpable y era lo que menos quería en ese momento. Sintió como se dio la vuelta en la cama, pero seguía dormida.
Su novia no sabía nada pero llevaban dos semanas difíciles. Cuando ella llegaba de trabajar él estaba distraído y distante, casi ni hablaban y estaba empezando a ser una situación incómoda.
Se levantó de la cama y fue a buscar un papel: le dejó una nota en la puerta. Se vistió y se marchó. Quería dar una vuelta y despejarse un poco antes de volver a casa con su novia. Se había expuesto mucho ese día, no se había acordado de avisarle de que no dormiría esa noche en casa. Estaba empezando a pasarse y su novia podía empezar a sospechar.

-Hola.
-¿Cómo esta tu hermano?
-Bueno. Seguramente tenga que volver un día de estos pero solo es una gripe.
-Ya...

Su novia se alejo y le dio el teléfono.
-Llamó tu hermano hará una media hora.
-¿Te dijo qué quería?
-No, pero le pregunte cómo se encontraba... La próxima vez que le uses como excusa avísale por si vuelve a ocurrir esta casualidad.
-Perdón.

Vio como su novia bajaba la cabeza, parecía que iba a llorar. Ahora mismo estaba confuso. No sabía si contarle la verdad, seguramente fuese lo mejor pero tampoco podía contarle toda la verdad, no se lo merecía. En realidad ella no tenía la culpa, nadie la tenia. Son cosas que pasan, ¿no?


jueves, 5 de abril de 2012

Capitulo 5.

Seguramente se hubiese dado un golpe en la cabeza sin darse cuenta pero había caído en la cuenta de que era él quien arriesgaba todo, quién lo perdería todo si algo salía mal. Ella sólo se lo estaba pasando bien y quería seguir así. Nunca habían quedado en su casa, era una prueba que le había puesto ella. Si tanto quería estar con ella tenía que arriesgar al máximo. Vale que era algo injusto por su parte, porque ella llegaba y besaba el santo sin más mientras que él encima de puta ponía la cama. Pero estaba harta de ser siempre quién arriesgaba todo para estar con un chico y que encima éste le saliese rana, y que mejor momento para probar el método que con un chico que no le importaba nada.
Media hora después él ya estaba llamando a la puerta. Para su sorpresa todos estaban con ropa al abrir la puerta aunque les duró escasos segundos. Querían retomar lo que horas antes no pudieron seguir. En cuanto ella sonrió él ya se empalmó y a partir de ahí fue todo sobre ruedas. No esperaron a llegar a la habitación, en el mismo salón dejaron que sus intimidades aflorasen hasta extremos que soñaban con llegar algún día. Esa si sería la gran despedida, esa despedida que se habían prometido con secretas palabras. Ninguno de los dos podía dejar que el nivel se bajase y después de lo que había sucedido poco más podía pasar para que una situación les hiciese replantearse su relación.
Otra vez esos besos y caricias que supieron a tanto. Mordiscos intensos sin llegar a hacer daño pero que dejan  echar a volar la imaginación. Lo necesitaban, lo querían, no dejaban que el sentimiento de soledad se acercase ni un segundo. Ella le volvió a vendar los ojos y le ordenó a través de un susurro que le quitase la ropa, prenda por prenda, y según su orden. Eso le puso los bellos de punta, le gustaba dominar la situación, coger el toro por los cuernos e ir de frente. Cuando estuvo completamente desnuda le pidió que se pusiese de pie y fue ella quien le desnudó a el,pero luego se cambiaron los roles. Él se quitó la venda y se la puso a ella en las muñecas y la empujó contra el sofá. Él dibujaba su contorno con las manos, y aunque le gustaba eso de tener los ojos vendados, ya que hacia que todo se magnificase, que sus sentidos estuvieran alerta, también le gustaba que ella estuviese atada por las muñecas. Ahora dominaba él.
A veces quedaban, y si, el sexo era genial pero siempre les había faltado la chispa y por fin había llegado. Cuando acabasen no podrían describirlo, habían llegado a una conexión que pocos llegan, aun así, seria la última vez. Las mentes despejadas, solo hacían el siguiente movimiento por inercia, no planeaban nada.
Habían necesitado un amago para llegar hasta ahí... Sí que son complicadas las personas.
Cuando acabaron, ambos rieron y hablaron durante horas hasta quedarse dormidos.

Capitulo 4.

Estaba con el corazón en un puño, con el pulso acelerado hasta tal punto que se le había empezado a nublar la vista. Se apresuró hacia la puerta antes de cualquiera con llave pudiese abrirla y miró por la mirilla. Esto era increíble, es más, era horrible. Era el maldito cartero. Cogió la manta para taparse y le abrió.
Cuando volvió a la habitación se había encontrado a su compañera sentada en el suelo y casi llorando.
-Esto no esta bien.
-Ya te dije que me dejases decidir eso a mi.
-Ya, lo haría si no me afectase a mi también. Pensé que era tu novia...
-Y yo. Pero ella esta en el trabajo y no volverá hasta dentro de unas horas. ¿Por dónde lo habíamos dejado?
-Déjame. Ahora lo único que quiero es pegar a ese jodido cartero. ¿Qué quería?
-Que firmase una cosa pero no te preocupes.
-Tío, y si hubiese sido tu novia, ¿tampoco tendría que preocuparme?
-Pero no lo era. Era el puto cartero así que déjalo ya.
-Me voy.

Ella se levantó del suelo, se vistió, cogió sus cosas y sin decir nada se marchó. Él no la siguió, ni dijo tampoco nada. Ambos necesitaban pensar. Había sido un momento demasiado tenso como para haber seguido con el juego, y puede que eso fuese lo que más les fastidiase.
Ahora si que se sentía estúpida caminando por la calle desnuda. Antes tenia el morbo de llegar y plantarse en la puerta así, ahora lo único emocionante es que se ahorraba el tiempo de quitarse la ropa. Iba a ir directamente a la ducha, y si seguía con ese remordimiento de conciencia ni dejaría el bolso y los tacones a la entrada.
Cuando llegó a casa fue dejando restos por todo el pasillo: un zapato, el bolso, el otro zapato, la chaqueta, el tanga... Abrió el grifo de la ducha y se pasó debajo del agua alrededor de una hora. Necesitaba espacio, quería pensar con claridad y ver si merecía la pena arriesgar algo por él, aunque en realidad fuese él quien lo estaba arriesgando todo para unos miseros polvos. ¿Tan poco le gustaba su novia? No podía quererla mucho si era capaz de mentirle cada vez que entraba por la puerta. Sin embargo, él siempre había sido sincero y era lo primero que pedía en una simple amistad, y ahora era él quien mentía y se mentía a si mismo diciéndose que eso estaba bien.
Y lo más frustrante de todo era que para ser el último polvo había sido el peor de todos.
Encendió la televisión y dejó el canal que había ya. Le llegó un sms: "Mi cama se ha quedado vacía...". Ella ya no sabía si matar al cartero o a él. ¿La estaba vacilando? Podía haber sido un trágico final y él lo único en lo que pensaba era en sexo. "¡Que se folle a su novia, joder!"- exclamó de repente. Se sorprendió a sí misma y después de ese día se rió durante cinco minutos mientras le respondió: "Ven a mi casa YA"

lunes, 2 de abril de 2012

Capitulo 3.


Sin mediar palabra, solo con cómplices miradas se adentraron en la casa hasta llegar a la habitación. Parecía que llevaban una coreografía marcada por un tempo inexistente. Como si el mundo hubiese dejado de existir siendo cada gesto, cada beso, cada caricia únicos. Los dulces besos empezaron a convertirse en  algo salvaje; ya empezaban a jugar.
Él la cogió y la dejó delicadamente en la cama. Empezó a acariciarla y besarle por todo el cuerpo, con algún que otro mordisco. Repasaba su silueta con la lengua, dibujaba cada curva con sus dedos, todo para llegar a un lugar donde desarrollaría su mejor oratoria. Ella se estremecía, su respiración era ligeramente entrecortada y sus piernas empezaban a temblar. Su espalda se contraía, ella agarraba las sábanas con fuerza y cerró los ojos sintiendo cada vez con más sensibilidad, llegando al culmen casi sin preverlo y sintiéndose la mujer más afortunada del mundo. Y ahora era su turno, quería volverse una loba en la cama pero no quería ponérselo fácil , y además ella siempre venía preparada. Lo tumbó y se levantó dejándolo totalmente desconcertado. A los pocos minutos volvió con dos pañuelo: uno para las manos y otro para los ojos. Se los puso sin dejarle rechistar y empezó a jugar ella. Sabía que en esos momentos podía dar algo de miedo pero también sabía que sería uno de los mejores polvos que tendría. Se subió encima de él y empezó como él había comenzado. Besos, caricias,... sin embargo, eso se le daba mejor a ella. Hizo que se pusiera de rodillas en el suelo y la volviese a besar donde minutos antes. Hoy dominaría ella. Pero no quería que durase mucho más, y le cogió para que se sentase en la cama y ahora ella se pondría de rodillas. Empezó a acariciar suavemente la sensible extremidad mientras veía la sonrisa de su compañero, empezó a jugar con él sin dejar de mirar su cara. Durante unos minutos vio expresiones de las que nunca se había fijado y le estaba gustando. Pero ella no le dejó acabar, quería dejarle con ganas de más aunque a él no le fuese a gustar eso. Se puso encima y cuando iba a empezar su magnificó baile sonó el timbre. Ambos dejaron de sonreír y ella rápidamente se separó de él y le soltó las manos. Él se levantó y se dirigió con miedo hacia la puerta, no quería ir pero tenía curiosidad de ver quién era y más si era su novia porque sabía que se iba a quedar en casa. Estaba nervioso, tanto que ni recordó que si era su novia ella podría abrir con su llave, pero ya era tarde: estaba frente a la puerta.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Capitulo 2.

Ahora se sentía ridícula y a este paso no iba a haber un término medio. Se había arreglado con mucha alegría pero llevaba diez minutos mirándose al espejo y sintiéndose mal. Mentalizándose de que, teóricamente, iba a ser la última vez y eso no sabía como de bueno sería. Dudaba entre dos sentimientos totalmente contradictorios, pues, o lo echaría de menos o se sentiría aliviada.
Sonó su teléfono. Un único toque. Era la hora. Siguió mirándose un par de minutos más, sonrió y se marchó.
Al caminar olvidó todo y solo estaba concentrada pensando en cómo llegar lo antes posible, se moría de ganas. Llegó a la parada del bus y solo tuvo que esperar un par de minutos para poder subir a él. Se sentó en uno de los asientos del final y veía como un chico sentado más adelante la miraba fijamente y eso le estaba poniendo muy incómoda, y mucho más cuando recordó la cantidad de ropa que llevaba encima. Estaba pensando bajarse una parada antes pero hacía algo de viento y prefería que solamente el bus supiese que estaba desnuda a que se enterase la calle. Probablemente hubiese menos gente.
Llegó al portal después de siete minutos y sin ningún percance. Aprovechó que un vecino salía y entró sin llamar y así le daba más emoción al momento. Entró en el ascensor, le dio al número quinto, y cincuenta y seis segundos después ya estaba delante de la puerta. Respiró hondo, llamó al timbre y casi sin haberle dado tiempo a pestañear ya le había abierto la puerta. Él abrió con una gran sonrisa y antes de que ninguno de ellos saludase, ella ya se había quitado la chaqueta y él ya había empezado a notar la erección. Todo iba sobre ruedas.

Capitulo 1.

Vale. Sí. Sabía que no era la primera vez que ocurría eso pero por ello no iba a permitir que volviese a suceder. Con tres veces tenía suficiente como para tolerar más. Sin embargo, se conocía lo suficiente como para saber que iba a haber una cuarta y tenia muy pocas ganas de evitarlo.
Sonó su ordenador. Era él. Dio vueltas por la habitación sin saber si contestar o no, y finalmente se decidió.
A: ¿Qué quieres?
P: Hablar contigo, ¿es mucho pedir?
A: Tú y yo sabemos como acabará esto, así que sabes que SÍ.
P: Anda, no exageres, si acaba así es por algo, ¿ o no?

Tenía razón. Sentía algo por él. Pero nada de un sentimiento, sino que era algo más carnal, más erótico. No podían estar en la misma habitación sin que saltasen chispas, es más, no podían comunicarse sin que alguno de los dos notase cierta alegría.

A: Por eso, no quiero seguir, no me parece justo.
P: ¿No crees que debería ser yo quien lo decidiera?
A: Pero como no te veo por la labor...
P: Anda tonta, si tu y yo sabemos que aunque te hagas de rogar, acabaras cayendo.

"Mierda. Mierda. Mierda."- Dijo en alto. Ese chico lo tenía todo. La verdad que a simple vista te fijabas en él pero no era una imagen por la que babearías pero después de conocerlo, y en muchos ámbitos era difícil resistirse.

A. Última vez. ¿Prometido?
P: Claro...

Ya lo había conseguido. Habría una cuarta y sabia perfectamente el protocolo por las tres anteriores: él le daría un toque cuando su novia se fuese al trabajo y ella cogería su juguete del día y se plantaría en su casa, pasarían un buen rato y se iría por el mismo camino como si nada hubiese pasado. Lo peor era recordar a su novia. La verdad que no es acordaba mucho de ella, solo unos 5 minutos como máximo pero eran suficientes como para que se sintiese culpable toda la tarde, aunque luego el hacía que lo olvidase todo.
Y claro, si él decía la verdad y ese era la última vez que ocurría tenían que despedirse a lo grande.
Fue a su armario, lo abrió de par en par y se quedó unos minutos pensativa. Buscó su lencería fina, más bien, su tanga fino y una chaqueta que le tapase lo suficiente como para ir sólo con eso. Después cogió los tacones más altos y provocativos que tenía y se los puso. Se miró al espejo y empezó a notar un cosquilleo en su intimidad.